Por Raúl Barros
Liniers,
mil novecientos treinta y nueve. Recuerdo tan vivamente lo que pasó
aquel sábado a las 16 horas que quedó grabado en mi alma para
siempre.
Estábamos
jugando a las bolitas los integrantes de nuestra pandilla en la
esquina de Palmar y General Paz que aún no estaba terminada ya que
los trabajos comenzaron en mil novecientos treinta y siete.
Todavía
se llamaba camino de la Circunvalación con sus pastizales altos y
caminitos angostos de una cuadra de largo que llevaban a Ciudadela
cerca de la Cabaña, micro estadio donde se practicaba boxeo. Cuando
uno se paraba en medio del camino y miraba hacia el sur veía una
casita solitaria a la altura de Tonelero y, hacia Rivadavia, la curva
por donde pasaban los tranvías uno y dos que llegaban a Primera
Junta y el centro. A la altura de Palmar había una placita con
bancos de madera y más tarde hamacas y toboganes, y más tarde aún,
la feria de Liniers. Ese lugar era un inmenso reservorio de mariposas
y murciélagos. La Avenida General Paz fue inaugurada, finalmente, en
mil novecientos cuarenta y uno.
En
esa esquina, todavía de tierra, aparecieron dos hombres de gran
porte que sin mediar palabra alguna iniciaron una ronda macabra con
una daga en la mano y un poncho protector en el brazo izquierdo para
amortiguar la fuerza de las estocadas y proteger al cuerpo. Vestían
trajes grises, sombreros, pañuelos blancos en el cuello. Uno de
ellos recibió un puntazo y cayó de rodillas al suelo. El rival se
lanzó con toda su fuerza para ultimarlo, pero el herido se levantó
de golpe y su daga penetró en el pecho debajo del hombro izquierdo.
Se escuchó un grito desgarrador y el herido cayó de espaldas al
suelo. Entonces su rival corrió hacia Ciudadela perdiéndose de
vista. Hacia Ciudadela, lugar al que nuestras madres nos prohibían
ir y que era lo primero que hacíamos fascinados por la aventura. ¡¡
Nunca crucen a Ciudadela!! , es un lugar peligroso, nos decían.
Lo
que más me impresionó de esa lucha fue el jadeo de esos hombres,
fue para mí inolvidable. Después llegó el Ford de la policía y al
rato una ambulancia. Se llevaron al herido que estaba acostado en
medio de un gran charco de sangre. Nunca tuvimos noticias de su
destino. Decían que el pleito fue por una mujer.
Ya
en plena década del cuarenta, un local de la Alianza Libertadora
Nacionalista que estaba en José León Suárez casi esquina Ventura
Bosh fue baleado por rivales políticos que huyeron hacia Palmar,
donde arrojaron al jardín una bomba que no explotó y que la policía
retiró. Allí vivíamos nosotros, no faltaban emociones fuertes en
nuestra niñez sin computadoras.