27.12.17

DE SAN ISIDRO A LA MATANZA


Por María Yacobe

En esta casa octubre comienza así: vino Francisco a colocar las velas en el patio y la cochera.
Las velas son una especie de media sombra conchetas, coquetas y caras.
Francisco es como un Rambo argento de zona norte. Más precisamente de San Isidro: brazos tatuados, anteojos de sol, cuerpo trabajado en musculatura. No es un físico obrero. Es un físico deportista, de remero. Eso, eso, San Isidro, cerca del río, remos. Para mí que toma algo. Nadie normal puede tener esos músculos colocando velas o remando. Francisco huele a perfume francés, usa pantalones carpinteros que parecen recién estrenados y maneja un autito 0km. “No conocía por acá. Es tranquilo”. No dijo “lindo”. Dijo “tranquilo”.
El patio de la casa es caliente como la arena del desierto. El sol pega fuerte desde que saqué el sauce; acción que me hizo ganar reproches y antipatías de amantes de la naturaleza en todas sus expresiones. Ojo que yo también amo la naturaleza, pero ese sauce me estaba matando; veinte años barriendo y barriendo sus hojitas cayendo y cayendo… Con algo había que reemplazarlo. Y ahí llegó Francisco con sus velas.
Me dice que cierre la puerta de la cocina “para que no te entre el polvo”.
Dos horitas y media de trabajo, velas colocadas, sombra asegurada.
¡Qué venga el verano, le presentaremos batalla!
El Rambo se llevó una pila de billetes de cien. No quiso contarlos. Eran demasiados.
“Podrían hacer billetes más grandes ¿no? No puede ser que el valor del billete más grande sea el mismo que el de una pizza”. Ahí le doy la razón. No puede ser.
Le pregunto si sabe cómo salir.
—¿Sabés cómo salir?
—Sí, sí, tengo GPS, si no me pierdo a dos cuadras de mi casa.
—Y sí. Yo me preocuparía si me perdiera en San Isidro. ¿Viste El Clan, la película sobre los Puccio? Esa banda operaba en tu territorio, ¿sabías?
Mejor ponete el GPS o llevá miguitas de pan en los bolsillos del pantalón carpintero. Tomá, llevate un pancito por si tenés que volver. Para que no te pierdas.
—Chau Madre, cuidate.
—Vos también chiquito. Vos también.
Nos despedimos con un beso. Todavía olía a perfume francés.