10.6.18

ENSAYO


Por María Yacobe


Hago un ensayo pavo. Tonto. Me acuesto de espaldas, extiendo mi cuerpo, me quedo inmóvil con los ojos cerrados. Intento ¿meditar? Imposible. No logro concentración.

Pongo las manos debajo de mis muslos. Les voy a decir que no me las crucen en el pecho ni me pongan esa faja de velcro que parece un chaleco de fuerza. Esta vez no. Prometeré quedarme quieta. Pero tengo que ensayar porque son más de veinte minutos y a veces se me cierra la garganta, o yo creo que se me cierra, y no puedo tragar, o me pica la nariz y no me puedo rascar, o siento un poco de frío pero tampoco quiero que me pongan la mantita hasta el cuello porque siento que voy a ahogarme…

Entonces ensayo para cuando llegue el día del turno. Programo la alarma del celular, primero por veinte minutos. Si lo logro le agrego diez más. Hago respiraciones normales, luego las que me indicarían: respire y mantenga el aire…Empiezo relajando los pies, las piernas, respirando suave, luego voy subiendo, relajo la columna, los brazos, alejo todo pensamiento extraño, no pienso en otra cosa, no pienso que no puedo moverme, no pienso, no pienso…

Viajo al mar, camino por la arena tibia, mejor me saco las ojotas antes…llego a la orilla, el agua está fría, se hunden mis pies en la arena húmeda, me hundo en la arena húmeda, suave, muy suave…floto en el mar; aunque no sé nadar esta vez estoy flotando, mi cuerpo es leve, muy leve.

Por un rato largo me quedo ahí flotando en el mar…oyendo una música agradable. Esta vez lo logré. Voy por diez minutos más.